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lunes, 19 de octubre de 2026

OCTUBRE BAJO EL AGUA



En 2026, el presidente decide adelantar la cita con las urnas después de que el Parlamento rechaza las dos últimas iniciativas sobre vivienda. La decisión no sorprende as nadie.


La campaña empieza antes de tiempo, mientras el país continúa atrapado en una conversación que ya no admite silencios: quién puede vivir dónde y cuánto cuesta hacerlo. Los partidos preparan discursos, recorren mercados y llenan las pantallas de promesas. Pero entonces el cielo cambia. Una sucesión de tormentas descarga sobre buena parte del territorio y convierte las carreteras en largas filas inmóviles. Algunos trenes quedan detenidos durante horas, varias líneas suspenden el servicio y numerosas escuelas cierran por precaución. El agua entra en comercios, garajes y viviendas de las plantas bajas. En una avenida aparece de repente una enorme grieta: el suelo cede y un automóvil queda atrapado junto al borde del socavón.


Octubre llega con una luz distinta. Las tardes se encogen, el aire pierde la pesadez del verano y por fin hace falta una chaqueta al salir. En las casas, la gente vuelve a buscar calor en las pequeñas cosas. Una olla empieza a hervir lentamente sobre el fuego y llena la cocina de olor a legumbres, verduras y especias. En el horno se dora una fuente que devuelve a las habitaciones una sensación de refugio. Afuera, la ciudad permanece húmeda, con calles levantadas, estaciones vacías y escaparates que reflejan un cielo gris. La televisión continúa hablando de elecciones, encuestas y candidatos, pero en muchas casas se escucha menos. La gente cena alrededor de una mesa, comenta el precio del alquiler y mira la lluvia contra los cristales. Nadie sabe qué resultado espera al país. Por primera vez en mucho tiempo, todos parecen esperar simplemente que escampe.

 

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